jueves, 27 de febrero de 2014

MI TELÉFONO HA MUERTO







Es tan rápido el ritmo que ni siquiera puedo mirar de reojo algo que va quedándose atrás. Para no estrellarme he de mantener la mirada al frente mientras los escalofríos se me producen en el cogote;  también en el corazón, claro, pero estos ya los llevo conmigo mientras de cuando en cuando aflora el goteante liquidillo salado en mis ojos.
La última vez ha sido hace nada, y parecía nada pues nada es que una de las múltiples acciones últimas haya sido dar de baja mi número fijo de teléfono. El número que me ha acompañado durante casi veintiséis años. Y parecía nada, pero fue algo cuando descolgué el teléfono para comprobar si ya habían desconectado la línea. Tan solo escuché unos pitidos extraños. Fue cuando supe que mi teléfono había muerto. Definitivamente. Quien me iba a decir a mi que la muerte de un objeto como ese iba a provocar en mi el llanto… y que además tuviera que ver con telefónica. Sorprendente. Y así fue, símbolo de la muerte de una larga historia que termina. Se cierra una parte de mi vida, de un espacio que compartí, amor que se diluye en ese espacio, ahora frío, en un extraño silencio mientras voy desmontando pieza a pieza lo que una vez fue y ya no volverá a ser. Mientras, escucho el sonido cambiante, distinto, cada vez más vacío. El eco de los huecos.
Ahora sé que el frío también puede actuar como disolvente. Es una de esas veces que sabes que haces, ves , vives, algo por última vez. Alguien dijo que se podrían escribir muchos libros simplemente narrando las primeras y últimas veces. Este es uno de esos momentos. Vivo en la frontera entre lo que se cierra y lo que se abre, entre el dolor y la alegría. En ese tira-y-afloja donde parte de mi se desgarra y otra procura recomponer rápidamente los trozos para no quedarme atrapado en la nada.
Mi teléfono ha muerto, ya no volveré a enumerar sus componentes de aquella forma que se colocó de modo tan fácil en mi memoria. Pasa al pasado.
Bella historia de amor, arribas y abajos incluidos. Bella historia con triste final.
Y crecer, comprender, mejor amar.

Mi teléfono ha muerto.


Álex Kirschner        28/Febrero/2014